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El ingrediente secreto de la transformación: la actitud



Estamos de acuerdo en que todo proceso de transformación supone cambios, pero no a la inversa. Cambiar no significa necesariamente transformar ni evolucionar. En mi opinión, cambiar tiene que ver con hacer las cosas de manera distinta, porque tenemos la certeza de que si seguimos haciéndolas de la misma forma, llegaremos al mismo punto de partida, nada variará. Cambiar tiene que ver entonces con adaptarse al momento actual.


Transformarse, sin embargo, supone cambiar, pero al mismo tiempo evolucionar para construir el futuro. Las personas y organizaciones que consiguen desenvolverse en entornos VUCA (volátiles, inciertos, complejos y ambiguos), se anticipan y son capaces de ver más allá de la incertidumbre y la inseguridad. Pierden el miedo a equivocarse, son creativas e innovadoras, experimentan sin saber cuál será el resultado; sus managers son inspiradores y, lo más fundamental, cada una de las personas que integran la organización están involucradas y comprometidas con ese proceso de transformación porque lo entienden, lo asumen y saben qué se espera de cada una de ellas.


Cabría destacar los 6 desafíos a los que se enfrenta una organización durante el proceso de transformación:


  • Imaginar el futuro

  • Crear emoción y participación

  • Velocidad

  • Superar o evitar la desilusión

  • Buscar el equilibrio entre el negocio principal y el transformador

  • Maximizar los resultados a través de la innovación.


Ahora, las preguntas son:

¿Estamos cada uno de nosotros preparados para estos desafíos, tanto a nivel personal como profesional

¿Entendemos el “para qué” de esta transformación?

¿Contamos con líderes 4.0 -con las competencias y habilidades necesarias para este proceso-, o por el contrario hablamos de transformación sin medir el impacto que puede suponer en cada uno de nuestros colaboradores?


En definitiva, y después de varios años acompañando a las organizaciones en sus procesos de transformación, encontramos que, al margen del objetivo empresarial o de la función o posición que ocupamos dentro de las compañías, existe un factor común que va más allá de las habilidades puramente profesionales: hablamos de la actitud.

Dicha cualidad, que no requiere en principio de formación adicional y es inherente al ser humano, determina la forma en la que nos enfrentamos personalmente al cambio, siendo además la herramienta más potente que tenemos a la hora de influir en el rendimiento y el compromiso de nuestros compañeros, equipos y organizaciones. Y todo esto, sin incurrir en grandes inversiones ni sacrificios extraordinarios.

¿Estás dispuesto a regalar una actitud positiva?

Observatorio RRHH de Chile

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